La guerra perdida
La guerra contra las drogas es una política de los Estados Unidos que es fútil y un esfuerzo malgastado por muchas razones. La guerra contra el narcotráfico ilegal en América Latina empezó con la administración de Richard Nixon en los setenta. Ha sido un aspecto crítico de la política de los Estados Unidos con América Latina. Muchos críticos de esta política demuestran que la lucha es una que no se puede ganar. En la Conferencia de Asuntos Globales la semana pasada, hubo una discusión sobre este tema mismo. Todos los cuatro panelistas concluyeron que la guerra contra las drogas se ha demostrado como una inmensa pérdida de recursos y dólares (CWA). Mientras que las regulaciones y las leyes que imponen los Estados Unidos relacionadas al control del narcotráfico crecen y cada vez son más rígidas, los derechos civiles que los Estados Unidos representa en su propia constitución desaparecen.
En muchos casos los Estados Unidos ha quitado un gobierno legítimo para imponer un líder o sistema con creencias más parecidas a las de los Estados Unidos. Doug Stokes demuestra esta idea diciendo que, “US…assistance to Colombia was…crucial for protecting specific economic interests and for the reproduction of ‘pro-US, free enterprise democracy’”(Stokes, 373). La Doctrina de Monroe ha dejado que los Estados Unidos intervenga en los asuntos de América Latina sin invitación. La Doctrina de Monroe, establecida temprano en los 1800, es una “…warning to European powers that any further territorial claims in the Americas would be considered a threat to the peace and security of the United States – effectively making Latin América the proverbial ‘US backyard’”(Zuluaga, 113). El papel imperialista que ha jugado los Estados Unidos en América Latina desde hace casi dos siglos ha contribuido a una economía muy dependiente basada primariamente en agricultura. Como menciona Stokes, “…the US has long employed counter-insurgency warfare to stabilize social formations conducive to US political and economic interests”(Stokes, 368). Históricamente, estas intervenciones solamente benefician a los Estados Unidos y sirven los intereses de los Estados Unidos. O sea, las economías de los países latinoamericanos no progresan, y por esto, tienen que invertir sus labores a un mercado más productivo, por ejemplo las drogas.
En muchas situaciones, el narcotráfico es una parte vital de las economías de muchos países latinoamericanos. Bruce Michael Bagley ilustra esta situación, “…the Medellín Cartel in Colombia…probably grosses between $4 and $6 billion anually in the cocaine trade…”(Bagley, 45). El problema de la generación de una economía viable y progresiva es muy prominente en los asuntos en América Latina. Según algunos analistas, en Colombia, “Cocaine is the major illicit export, accounting for about 25% of foreign exchange earnings”(Infoplease). Aunque los Estados Unidos trata de imponer una mano dura contra las drogas, aún no ha tratado de instalar un sistema económico más viable y sustentable en estos países. Sin una alternativa a la venta de las drogas en la economía, estos países seguirán participando en el narcotráfico.
Otro motivo para continuar con el narcotráfico tiene que ver con la drogadicción. El informe nacional de drogas en 2004 dijo que “14.2% of adults (defined as 12 years or older) reported lifetime experience with cocaine”(drugwarfacts.org). Este hecho plantea la cuestión de la fuente de las drogas. Es posible que esta cifra se relacione a la estadística que dice, “Seven Latin American or Carribean countries account for the bulk of the illegal marijuana, cocaine, and heroine smuggled into the United States each year…”(Bagley, 45). Es obvio que hay un mercado negro excesivamente fructífero para América Latina en los Estados Unidos, un país muy rico. Otras estadísticas que encontraron el DEA dicen que “…for today’s…45-year olds…87% of them reported trying and illicit drug…80%...said they had tried marijuana and about two thirds said they had tried some other illicit drug”(Survey). Estas cifras se reducen solamente un poco cuando se sondea a los jóvenes.
Esta guerra fútil tiene que cambiar de tácticas. Quizás en vez de gastar setenta billones de dólares anualmente combatiendo una lucha frívolo (CWA), el gobierno pueda mejorar los programas de rehabilitación de drogas. Poner a un drogadicto en la cárcel durante unos años es un gasto de dinero que el gobierno podría usar en una manera más productiva. El gobierno nunca ganará la guerra contra las drogas, porque “we are waging a war against an enemy that, by definition, can’t surrender”(CWA). Es puramente una cuestión de la economía: si se elimina la demanda, se eliminará a la vez la oferta de esta mercancía.
Fuentes Citadas
o Conference on World Affairs panel “Nixon’s War on Drugs: No Exit Strategy”; Terry McNally, Sanho Tree, Harvey Wasserman, John Zwerling, and Howie Wolf
o Stokes, Doug; Iron Fists in Iron Gloves: The Political Economy of US Terrorocracy Promotion in Colombia; British Journal of Politics and International Relations; Aug. 2006, Vol. 8 Issue 3, p368-387;
o Zuluaga Nieto, Jaime; Latin American Perspectives: U.S. Security Policies and United States- Colombia Relations; Jan. 2007, Vol. 34 Issue 1, p112-119;
o Bagley, Bruce Michael Latin American Narcotics Trade and U.S. National Security : The New Hundred Years War? US National Security and the War on Drugs in America; 1989; Greenwood Publishing; p45
o http://www.infoplease.com/ce6/world/A0857441.html
o http://www.drugwarfacts.org/internat.pdf
o Survey; National Institute on Drug Abuse; US Department on Health and Human Services; http://www.monitoringthefuture.org/pubs/monographs/vol2_2006.pdf
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